La gran mayoría de los países del llamado Tercer Mundo no transitaron
un camino similar al de Europa, Estados Unidos y Japón. Éste fue el último en
llegar, y por ello mismo, ejemplo señero y notable en la adopción de la ciencia y la
tecnología como base del desarrollo y creador de esperanzas en el mundo en
desarrollo de entonces. De hecho, algunas sociedades asiáticas lo adoptaron y
esto permitió el renacer de un «optimismo histórico»: sí era posible entrar al círculo
Hasta hace pocas décadas estaba por fuera del horizonte de los
países del Tercer Mundo alentar estas actividades para propulsar el desarrollo
económico. De modo similar a como se tenían políticas educativas, de comercio
exterior y agrícolas o industriales, nacieron en los años sesenta políticas de Ciencia
y Tecnología, para trazar pautas de fomento y organización de esta compleja
actividad.
Según la observación de Francisco Sagasti
de la industrialización japonesa el que despertó grandes inquietudes sobre el
papel que jugaron la tecnología y la educación en dicho proceso; y sirvió de inspiración
en la medida en que los japoneses habían hecho su desarrollo prestando
y transfiriendo tecnología más que desarrollándola originalmente.
La atracción de los países en desarrollo hacia los problemas de la
política científica y tecnológica «prosigue Sagasti», se deben en buena medida al
fracaso relativo que han tenido los procesos de industrialización en la post guerra.
La importancia que tomaron la ciencia y la tecnología en el mundo
industrializado (fenómeno que registró e impulsó la OCDE), fue un factor que despertó
gran interés en los países en desarrollo. La difusión realizada por los organismos
internacionales de esta nueva perspectiva del crecimiento contribuyó a la
adopción de medidas públicas relacionadas con el fomento de la ciencia y la
tecnología.
En un primer momento, esta preocupación se orientó tanto a identificar
instituciones, capacidades y recursos de ciencia y tecnología presentes en
los países industrializados y ausentes en los subdesarrollados, como a obtener
información sobre cómo lo hacían. Se trató de ver cómo funcionaban allí la I+D,
las instituciones de educación superior y los organismos de apoyo a la ciencia.
Ciertos documentos aportaron sus luces en el escenario latinoamericano
y sentaron las bases conceptuales para orientar las políticas en estos dominios.
En 1969, Jorge Sábato y Natalio Botana publicaron un documento de
gran influencia:
Latina
a la comunidad científica y al sector empresarial, ocupándose de señalar también
las relaciones coherentes que estos deben construir para incorporar al desarrollo
de los países latinoamericanos una variable de semejante poder.
10, fue justamente el éxitoLa Ciencia y la Tecnología en el desarrollo futuro de América11. En él examinan con profundidad las tareas que corresponden al Estado,Sin Ciencia y Tecnología, advertían Sábato y Botana de manera
premonitoria, las naciones latinoamericanas se quedarían sin soberanía, solo con
sus símbolos, las banderas y los himnos, pero sin viabilidad histórica.
El modelo latinoamericano de industrialización de tipo proteccionista
y por sustitución de importaciones, engendró su propio estilo tecnológico y
esto determinó implícitamente, entre otras cuestiones, el uso de insumos tecnológicos
importados en detrimento de los de origen local. Otros países, en particular
los asiáticos, siguieron políticas de exportaciones y de conexión con los mercados
mundiales, lo que los condujo a otro tipo de perfil tecnológico, mucho más
fuerte.
Es importante, para cerrar esta parte, anotar la influencia del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) con sus políticas de financiamiento de la Ciencia
y la Tecnología en América Latina. Debemos a Román Mayorga un documento
llamado
veinte años, el desempeño de esta entidad concentrada en actividades e inversiones
con un propósito básico: la creación de capacidad en Investigación y Desarrollo
en universidades y centros públicos de investigación, mediante instrumentos
como las becas de estudios de postgrado en el extranjero, con miras a la
capacitación y especialización de los investigadores de dichas instituciones, y la
construcción y dotación de una infraestructura física para la I+D como laboratorios,
bibliotecas y centros de cómputo.
A fines de los ochenta se reveló un segundo objetivo estratégico de
la política de Ciencia y Tecnología del BID: la estimulación directa de la demanda,
a través de la empresa privada y el vínculo entre productores y usuarios de conocimientos
y técnicas.
Mayorga ve esta adición como una consecuencia natural de la creciente
atención que se está prestando en el marco de las políticas económicas de
los países miembros a los asuntos relacionados con la productividad y la
competitividad en el nivel internacional. Las más recientes políticas del BID indican
que se ha concentrado en apoyar la construcción de sistemas nacionales de
innovación. La evidencia que resulta de la aplicación de este tipo de políticas es
proporcional a la importancia creciente que se le atribuye a la innovación tecnológica
en el mundo actual. En particular, ante las urgencias de competitividad que
desatan los procesos de apertura comercial en prácticamente todos los países
de la región.Cerrando la brecha12, de 1997, donde se analiza, en un período de unos
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